En una boda puertorriqueña nadie se va sin su capia, y a nadie le sorprende que la fiesta siga a las dos de la mañana. Entre esas dos certezas caben la misa y sus arras, los padrinos, la muñeca vestida de novia, la orquesta y el bizcocho bajo su merengue. Algunas se comparten con toda la América hispana; otras son nuestras y de nadie más. Cada familia las vive a su manera, pero estas son las tradiciones que con más probabilidad encontrarás en una boda boricua, lo que significan y cómo incorporarlas a la tuya.
De dónde vienen
La boda puertorriqueña une el rito católico que llegó con España, la herencia africana que late en la bomba y la plena y la convicción, muy caribeña, de que una celebración dura hasta que la orquesta se rinde. Las arras, por ejemplo, vienen de la península: el gesto de entregar monedas o anillos como prenda del matrimonio se remonta a la Roma antigua y al derecho visigodo, y la costumbre española de las trece monedas pasó a todo el mundo hispano, de México a Filipinas. La herencia taína forma parte de la identidad de la isla, pero las costumbres nupciales que han llegado hasta hoy vienen sobre todo de esas dos fuentes; lo demás lo han ido añadiendo las generaciones: la capia, la muñeca, la hora loca.
Los padrinos
Los padrinos y las madrinas de boda son familiares o amigos muy cercanos a quienes se honra con un papel en el matrimonio. Son más que testigos: se les escoge para que acompañen a la pareja en la vida de casados, y que te lo pidan es un honor serio y para siempre. Tradicionalmente, algunos ayudaban también con los gastos de la boda.
En la ceremonia católica, distintos padrinos pueden presentar los anillos, las arras u otros símbolos; por eso se habla de padrinos de anillos, padrinos de arras y, cuando la pareja lo incluye, padrinos de lazo. La ley puertorriqueña, por su parte, exige dos testigos mayores de 21 años con identificación vigente, según explica el Poder Judicial de Puerto Rico; lo natural es que sean los padrinos de boda quienes firmen. En España, en cambio,, la madrina suele ser la madre del novio y el padrino, el padre de la novia, mientras que en México hay padrinos para casi cada símbolo, del ramo a los cojines. Para el resto del cortejo, consulta nuestra guía de damas, caballeros, pajecitos y padrinos.
La ceremonia
Las bodas puertorriqueñas tienen raíces católicas profundas, y la boda por la iglesia, muchas veces con misa completa, sigue siendo común, sobre todo en las iglesias coloniales del Viejo San Juan y en las parroquias de las plazas de pueblo. También son habituales las ceremonias civiles, los servicios protestantes y evangélicos y las bodas al aire libre en playas y haciendas. Las lecturas y los votos se dicen en español, en inglés o en ambos; muchas parejas escogen lecturas religiosas en los dos idiomas. En la música de la ceremonia, la guitarra española con piezas como el “Ave María” y el “Panis Angelicus” es una elección clásica, según la wedding planner puertorriqueña Tatiana Ramos, de Mia Eventos, citada por The Knot; hay más ideas en la música para la ceremonia.
A diferencia de México, donde solo el matrimonio civil tiene efectos legales, en Puerto Rico una sola ceremonia basta. La ley permite que celebre el matrimonio un representante de cualquier religión, un notario o un juez, siempre que la pareja tenga su licencia en orden; el sacerdote o el pastor casa a la pareja ante Dios y ante el Estado a la vez. Lo explicamos en quién puede oficiar tu boda.
Las arras
Las arras son trece monedas, casi siempre doradas, que se presentan en una cajita o en una bandeja. Durante la ceremonia católica el sacerdote las bendice y pasan de uno al otro, tradicionalmente del novio a la novia, como promesa de compartir todo lo que tienen y de sostener juntos el hogar. El número trece suele explicarse como Cristo y los doce apóstoles; algunas familias dicen que es una moneda por cada mes del año y una más para los pobres.
La fórmula tradicional que recoge Por Tu Matrimonio, el recurso de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, pone en boca del novio: “N., recibe también estas arras: son prenda del cuidado que tendré de que no falte lo necesario en nuestro hogar”, y la novia responde: “Yo las recibo en señal del cuidado que tendré de que todo se aproveche en nuestro hogar”. La misma guía propone también un intercambio mutuo, en el que los dos dan y los dos reciben; pregúntale a tu parroquia qué texto usa. Muchas familias conservan el mismo juego de monedas y lo pasan de una boda a la siguiente.
El lazo y la mantilla
El lazo, un rosario grande o un cordón de seda que los padrinos colocan en forma de ocho sobre los hombros de los novios ya arrodillados, simboliza la unión indisoluble del matrimonio. Se asocia sobre todo con las bodas católicas de México y Filipinas. Según Por Tu Matrimonio, en Cuba y Puerto Rico se acostumbra otra cosa: una mantilla que se coloca sobre los hombros de los novios, también en señal de unión. Ambos son opcionales: coordinen con el sacerdote si quieren incluir uno, el otro o ninguno.
Una boda boricua no termina cuando se corta el bizcocho: termina cuando la orquesta se rinde.
Las capias
La capia es la costumbre que los invitados recuerdan. El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española la define, como voz de Puerto Rico, como el “alfiler con cintas que se da como recordatorio en bodas, bautismos, cumpleaños y otras actividades”. En la boda es una cinta estrecha, muchas veces de satén en los colores de la boda, impresa o bordada con los nombres de la pareja y la fecha, montada sobre encaje u otra tela y rematada con una florecita, un lazo o un dije.
Durante la recepción, la novia, el novio o sus familiares recorren las mesas prendiendo una capia a cada invitado. Así se agradece a cada persona que haya venido y la pareja se asegura de saludar a todos. Los invitados las guardan: muchas familias puertorriqueñas tienen una gaveta llena de capias de décadas de bodas.
Antes se hacían enteramente a mano, a menudo por las mujeres de la familia en las semanas previas a la boda, y muchas todavía se hacen así. Si quieres sumar un detalle en cada puesto, tenemos ideas de souvenirs de boda, pero la capia se entrega en mano. Y si quieres una capia con sello de la isla, piensa en una base de mundillo, el encaje de bolillos que se teje en Moca, conocida como la Capital del Mundillo.
La muñeca
La muñeca es exactamente eso: una muñeca vestida de novia, con una versión en miniatura del traje, que se coloca en la mesa de recepción, en la mesa principal o junto al bizcocho. Como describe Univision, se le pone “un vestido igual al de la novia” y en él se colocan las capias; de su falda se van tomando para prenderlas a los invitados. A veces preside la mesa de la entrada, junto al libro de firmas, y hay familias en las que quien cose el traje de la novia cose también el de la muñeca. Después de la boda la muñeca se guarda como recuerdo del día. Es una de las costumbres más propiamente puertorriqueñas.
La música
Las recepciones puertorriqueñas son largas, alegres y bailadoras. Tatiana Ramos calcula, en la misma guía de The Knot, que una boda en la isla dura como mínimo seis o siete horas, y casi todo ese tiempo gira en torno a la música.
La orquesta y el DJ. Una orquesta en vivo es el ideal, con salsa, merengue y bachata; si el presupuesto lo permite, combínala con un DJ para que la pista no descanse entre sets.
La bomba y la plena. Son los ritmos afropuertorriqueños de la isla. En la bomba, el bailador dialoga con el tambor primo, que sigue y remata cada movimiento. La plena nació entre finales del siglo XIX y principios del XX en Ponce, en barrios obreros como San Antón, y la llamaron “el periódico cantado” porque sus letras contaban la vida y las noticias del pueblo; se toca con panderos, güiro y voces. Un grupo de pleneros que entra tocando puede convertir la pista en un círculo de invitados que cantan y aplauden.
La danza. Es la música de salón elegante del siglo XIX puertorriqueño. Surgió hacia 1840 en Ponce, la elevó Manuel Gregorio Tavárez y la llevó a su cumbre Juan Morel Campos, que compuso más de 300. “La Borinqueña” fue, en su origen, una danza. Para el baile del padre con la hija o el primer baile, una danza tiene una dignidad difícil de igualar.
El bolero y los tríos. Puerto Rico es tierra de tríos: el Trío Vegabajeño, considerado el trío nacional, grabó en 1943 “En mi Viejo San Juan”. Un trío de voces y requinto con boleros es una elección natural para el cóctel o la cena, cuando los invitados todavía conversan.
Nuestra biblioteca de música para la recepción tiene sugerencias para cada momento.
La hora loca
Ya entrada la noche, después de la cena y los momentos formales, llega la hora loca: un bloque de alta energía con animadores, percusión, sombreros, antifaces, collares de luces y toda clase de accesorios que se reparten entre los invitados. Es una costumbre relativamente reciente que se comparte con otros países latinoamericanos, como Colombia, y que hoy aparece en muchas bodas de la isla. El Nuevo Día ha reseñado bodas en las que fue la gran sorpresa para los invitados de fuera, y otras en las que se convirtió en un espectáculo temático de medianoche.
El baile del dinero
En muchas recepciones, los invitados prenden billetes a la ropa de los novios, o los echan en una bolsa, a cambio de un turno de baile con ellos. El dinero es un regalo para ayudar a la pareja a empezar su vida de casados. En México se le conoce como el baile del billete, y en Cuba se acostumbra que quien quiera bailar con la novia le prenda dinero al vestido. Es opcional: si no les resulta cómodo, no lo incluyan.
La comida
Un menú de boda puertorriqueño puede incluir lechón asado, arroz con gandules, pernil, tostones y alcapurrias; en una boda de temporada navideña, pasteles y coquito, el ponche de coco con ron de la isla. En la barra no faltan la piña colada y el mojito, y Tatiana Ramos menciona un caldo caliente de pollo como antojo de madrugada. Para cantidades y estilos de servicio, consulta el menú de la boda.
El bizcocho y la mesa de dulces
El bizcocho de boda puertorriqueño tradicional es un bizcocho ligero, humedecido en almíbar, muchas veces con ron, relleno de frutas como piña o guayaba y cubierto de un merengue blanco y brillante. Es más ligero y más dulce que el bizcocho de buttercream estadounidense, y le sienta muy bien a una noche caribeña. Como ya contaba Primera Hora, muchas parejas modernas han sustituido el gran bizcocho por una mesa de postres, o lo combinan con una; si eliges ese camino, que haya dulces de la isla junto a los de pastelería.
Casarte en Puerto Rico: lo práctico
La licencia. Se tramita con el Registro Demográfico del Departamento de Salud. Según el Poder Judicial, necesitarás los formularios RD-10 (requisitos y declaración para contraer matrimonio), RD-12 (certificación médica) y RD-14 (declaración jurada y certificado de matrimonio), identificación vigente con foto y sellos de Rentas Internas. La certificación médica, que muchos estados de Estados Unidos eliminaron hace tiempo, sigue vigente: exige pruebas de laboratorio de enfermedades de transmisión sexual, tiene plazos estrictos y vence pronto, así que coordina las fechas con cuidado o trabaja con una planificadora que lo haga a diario. Confirma siempre los requisitos y aranceles vigentes antes de empezar.
La temporada. La temporada de huracanes del Atlántico va del 1 de junio al 30 de noviembre, con su punto más activo a finales del verano y principios del otoño. La temporada seca y de más turismo, aproximadamente de mediados de diciembre a abril, es la más fiable y también la más concurrida. Lo detallamos en la mejor época del año para casarte.
El escenario. El Viejo San Juan, con sus adoquines azules, sus iglesias coloniales y sus murallas, es el marco clásico. La costa oeste en torno a Rincón y las islas de Vieques y Culebra ofrecen playas y bodas más tranquilas, y las haciendas y los paradores, bodas de aire campestre. Como Puerto Rico es territorio de Estados Unidos, los ciudadanos estadounidenses pueden casarse aquí sin pasaporte, y la isla es uno de los destinos de boda y luna de miel más populares del Caribe.
Si vas a adoptar una tradición
Muchas parejas que no son puertorriqueñas se han enamorado de las capias en particular: son un agradecimiento más cálido que casi cualquier souvenir, cuestan poco y le dan a la pareja una razón para saludar a cada invitado. Si quieres adoptar una, hazlo sabiendo lo que significa. Y si la familia de tu pareja es puertorriqueña, pregúntales a las abuelas cómo se hacía en su tiempo. Para costumbres de otras partes, lee tradiciones de boda alrededor del mundo; para las anglosajonas más conocidas, algo viejo, algo nuevo.





