Nadie en una boda quiere que un brindis salga mal. El salón está de tu parte antes de que te pongas de pie: todos están contentos, ya se ha servido algo de vino y han venido precisamente porque quieren a las personas de las que vas a hablar. Solo hay tres formas de perderlos: alargarte demasiado, hablar de ti o decir algo que los novios tengan que explicarles después a sus abuelos. Evita esas tres y te recordarán con cariño.
La palabra misma tiene historia. Según BBC Mundo, “brindis” viene de una expresión alemana, ich bring dir's, “te lo ofrezco”, que llegó al español a través del italiano en el siglo XVI, después de que las tropas alemanas de Carlos V saquearan Roma en 1527. Cinco siglos después, la idea sigue siendo la misma: ofrecerle algo a alguien, delante de todos.
Quién habla y cuándo
En la mayoría de las bodas, los brindis siguen más o menos este orden, normalmente entre platos durante la cena:
- Quien recibe a los invitados, muchas veces el padre o los padres de la novia, que da la bienvenida y agradece a todos que hayan venido.
- La dama de honor principal.
- El best man, el caballero principal, cuyo discurso el salón suele esperar con más ganas.
- Los novios, brevemente, para agradecer a sus familias, al cortejo y a los invitados.
En una boda puertorriqueña, donde los padrinos de boda tienen un papel de por vida, es natural darles también la palabra, o que sea uno de ellos quien proponga el brindis en nombre de la familia. Muchas bodas hoy reordenan o recortan esta lista, y tres oradores es un límite sensato: con más, la cena se enfría y la pista espera. Si te piden que hables, pregúntales a los novios exactamente en qué lugar del orden vas y cuánto tiempo tienes. Para saber quién es quién en el cortejo, consulta cómo elegir a tus damas y tu cortejo.
Cuánto debe durar
De tres a cinco minutos, que son unas 400 a 650 palabras dichas a un ritmo cómodo. Al escribir parece poco; de pie, parece eterno. Mide el tiempo en voz alta. Si en el ensayo te pasas de cinco minutos, la noche de la boda te pasarás de siete, porque los nervios hacen que algunas personas hablen más despacio y las risas añaden tiempo, lo cual es un buen problema, pero hay que preverlo.
Una estructura que funciona
Empieza diciendo quién eres. Una oración. Para quienes no me conocen, soy Javier: conozco a Andrés desde que teníamos once años, así que he visto cosas. El chiste es opcional; la presentación, no.
Cuenta una historia de la persona que conoces. No un resumen de sus mejores momentos: un momento concreto que muestre su carácter. La vez que manejó cuatro horas bajo un aguacero para ayudarte con la mudanza. Cómo sigue llamando a su abuela todos los domingos. Una buena historia es específica, corta y prepara la idea que estás a punto de decir.
Pasa a la pareja. Este es el giro que falta en la mayoría de los brindis. No estás ahí solo para hablar de tu amigo o tu amiga; estás para hablar de los dos. ¿Cuándo los viste juntos por primera vez? ¿Qué cambió en tu amigo? ¿Qué saca en él la otra persona?
Di algo cierto sobre el matrimonio, en pocas palabras. Una línea tuya, o una prestada y citada. Si quieres un verso, las lecturas para la ceremonia están llenas de ellos.
Alza la copa. Pide a todos que se pongan de pie o que levanten sus copas, y haz el brindis con nombres: Por Andrés y Gabriela. Un “salud” en coro funciona en cualquier salón. Luego, bebe.
No estás ahí solo para hablar de tu amigo. Estás para hablar de los dos, y ese giro es donde fallan la mayoría de los brindis.
Un brindis en dos idiomas
En muchas bodas puertorriqueñas conviven el español y el inglés, sobre todo cuando parte de la familia vive en Estados Unidos o uno de los novios no es de la isla. Un brindis bilingüe bien hecho incluye a todo el mundo; uno mal hecho dura el doble y no emociona a nadie.
Elige un idioma principal, el de la mayoría del salón o el tuyo, y no traduzcas cada frase. Repetirlo todo mata el ritmo y las risas.
Cambia de idioma en los momentos clave. Un resumen de una o dos líneas de tu historia en el otro idioma, una frase dirigida directamente a la familia que habla ese idioma y, sobre todo, el brindis final dicho en los dos: Por Andrés y Gabriela. To Andrés and Gabriela.
Cuidado con los chistes. El humor es lo primero que se pierde en la traducción. Si una historia solo funciona en un idioma, cuéntala en ese idioma y no intentes explicarla.
Ensaya el idioma que dominas menos con alguien que lo hable de nacimiento. Un acento no importa; una palabra mal escogida en el momento solemne, sí.
Con qué se brinda
Lo clásico es champán o un espumoso, servido justo antes de los brindis para que nadie se quede con la copa vacía. Asegúrate de que haya una alternativa sin alcohol para quien no bebe y para los menores: una sidra sin alcohol, un jugo espumoso o simplemente lo que cada cual tenga en la mano. En una boda de temporada navideña, el coquito tiene su lugar: es, según la misma nota de BBC Mundo, la bebida con la que los puertorriqueños brindan en Navidad. Y una superstición que recoge BBC Mundo para quien la quiera seguir: hay que mirar a los ojos al chocar las copas.
Qué no decir nunca
- Nada sobre exparejas. Ni un chiste, ni una comparación, ni un nombre.
- Nada sobre la despedida de soltero o de soltera. Lo que pasó allí, allí se queda.
- Nada que necesite explicación. Si una cuarta parte del salón no lo va a entender, quítalo.
- Nada que los avergüence delante de sus abuelos o de su jefe. Un poco de relajo es parte de la tradición. La humillación, no.
- Nada sobre dinero, peso, religión o si esperabas o no que esta boda llegara a ocurrir.
- Nada que sea sobre todo acerca de ti. Cuánto tiempo hace que los conoces es contexto, no contenido.
La noche de la boda
No bebas mucho antes. Una copa para los nervios. El best man visiblemente borracho frente al micrófono es el único brindis que los invitados recordarán por las razones equivocadas.
Usa notas. Unas tarjetas en la mano son perfectamente aceptables y mucho más seguras que la memoria. Letra grande, una idea por tarjeta, numeradas. No el celular.
Sujeta bien el micrófono, a cinco o siete centímetros de la boca, apuntando hacia ella, todo el tiempo. Casi todos los brindis que no se oyen se arruinan porque el micrófono va bajando hasta el pecho mientras quien habla gesticula.
Haz pausas para las risas. Si se ríen, espera a que terminen antes de seguir.
Mira a la pareja en la última línea y luego al salón para alzar la copa.
Si son ustedes, los novios
Que el suyo sea corto: uno o dos minutos. Agradezcan a sus padres y a quienes pagaron o trabajaron en la boda, a los padrinos y al cortejo, y a los invitados que viajaron. Si hay familia que no habla español, díganle unas palabras en su idioma. Después, dense las gracias el uno al otro. Es todo lo que hace falta.
Para la cena de ensayo, donde suele haber una segunda ronda de brindis más informales, consulta nuestra guía de la cena de ensayo.





