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Realeza

La boda de Isabel II y Felipe de Edimburgo en Londres, 1947

Dos años después de la guerra, la heredera al trono se casó en Westminster con un vestido de Hartnell pagado en parte con cupones de racionamiento, y marcó la pauta de las bodas reales.

Princess Elizabeth and the Duke of Edinburgh on their wedding day, November 20, 1947.
Foto: Associated Press, dominio público, vía Wikimedia Commons

El Reino Unido todavía vivía con cartillas de racionamiento cuando la princesa Isabel se casó con el teniente Felipe Mountbatten en la abadía de Westminster, el 20 de noviembre de 1947, y la heredera al trono estaba sujeta a las mismas reglas que cualquier otra novia: los materiales de su vestido tuvieron que comprarse con cupones de ropa. El resultado fue un día de auténtica pompa, planificado dentro de los límites de la austeridad, que fijó la forma de la boda real británica para el resto del siglo.

De un vistazo
Fecha Jueves 20 de noviembre de 1947
Lugar (ceremonia) Abadía de Westminster, Londres
Recepción Banquete de bodas en el Ball-Supper Room del palacio de Buckingham
El vestido (diseñador) Norman Hartnell
Invitados 2,000 invitados a la abadía
Oficiante Geoffrey Fisher, arzobispo de Canterbury, con Cyril Garbett, arzobispo de York

La pareja

Se conocieron en 1934, en la boda de la princesa Marina de Grecia y Dinamarca con el duque de Kent. Su compromiso se anunció el 9 de julio de 1947. Antes, Felipe, príncipe de Grecia y Dinamarca por nacimiento, renunció a sus títulos griegos y daneses, se naturalizó británico y adoptó el apellido Mountbatten; fue recibido en la Iglesia de Inglaterra ese mes de octubre. La mañana de la boda, el rey lo nombró duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Isabel se convirtió en reina el 6 de febrero de 1952. El matrimonio duró 73 años, hasta que el príncipe Felipe murió en el castillo de Windsor el 9 de abril de 2021, lo que lo convirtió en el consorte real de servicio más largo de la historia británica.

La ceremonia

La novia llegó a la abadía con su padre, el rey Jorge VI, en la carroza de Estado irlandesa. La seguían ocho damas, entre ellas la princesa Margarita y la princesa Alejandra de Kent, con dos pajecitos, el príncipe Guillermo de Gloucester y el príncipe Miguel de Kent. El padrino fue el primo del novio, David Mountbatten, marqués de Milford Haven.

El arzobispo de Canterbury, Geoffrey Fisher, casó a la pareja; el arzobispo de York, Cyril Garbett, pronunció la homilía. Una fanfarria de Arnold Bax abrió la ceremonia, y la marcha nupcial de Mendelssohn los acompañó a la salida. El anillo era de oro galés de la mina Clogau St David's, cerca de Dolgellau. La radio de la BBC llevó la ceremonia a unos 200 millones de oyentes.

El vestido

El diseño de Norman Hartnell se aprobó a mediados de agosto, lo que dejó unos tres meses para confeccionarlo. Se inspiró en La primavera de Botticelli, una pintura sobre la estación de las flores, muy a tono con el ánimo de un país que esperaba tiempos mejores. El vestido era de raso duquesa marfil, tejido en Escocia cerca de Dunfermline, con corpiño ceñido, escote en forma de corazón, cintura en punta y una falda larga y amplia. Estaba bordado con cristales y unas 10,000 perlas diminutas importadas de Estados Unidos, y de los hombros caía una cola de corte de tul de seda de 15 pies.

Ilustración del estilo de la boda
El look, recreado: una ilustración del estilo de la boda, no una fotografía.Ilustración generada para BodasPR

Los cupones acapararon los titulares. La princesa usó los suyos, y cientos de mujeres le enviaron los propios para ayudarla; hubo que devolverlos, porque usar los cupones de otra persona era ilegal. Sus sandalias de raso marfil, adornadas con plata y perlas diminutas, eran de Edward Rayne.

Una pequeña crisis ha pasado a la leyenda. La tiara de flecos de diamantes se rompió mientras se la colocaban, y el joyero de la corte la reparó a tiempo. Llevó dos collares de perlas, el de la reina Ana y el de la reina Carolina, regalo de bodas de su padre.

Su ramo de orquídeas blancas incluía una ramita de mirto, una tradición que empezó cuando la abuela del príncipe Alberto le regaló un mirto a la reina Victoria, que lo sembró en Osborne House, en la isla de Wight. Al día siguiente de la boda, el ramo se devolvió a la abadía y se depositó sobre la Tumba del Guerrero Desconocido, como había hecho la madre de la novia con el suyo en 1923. Puedes ver dónde se sitúa el vestido entre otros vestidos de novia reales en nuestro repaso de vestidos de novia de la realeza.

La recepción

El banquete de bodas se celebró en el Ball-Supper Room del palacio de Buckingham, con la orquesta de cuerdas de los Grenadier Guards. El menú llevaba el nombre de la pareja: Filet de Sole Mountbatten, Perdreau en Casserole y Bombe Glacée Princess Elizabeth. Cada invitado encontró en su puesto un ramito de mirto y brezo blanco de Balmoral como recordatorio. Los recién casados salieron al balcón del palacio para saludar a la multitud.

Llegaron once bizcochos de boda. El oficial, de McVitie and Price, medía nueve pies de alto, tenía cuatro pisos y se conocía como el “bizcocho de las 10,000 millas”, porque sus ingredientes llegaron de todo el mundo, entre ellos azúcar enviada por las Girl Guides de Australia. Se cortó con la espada Mountbatten del duque, regalo del rey.

Llegaron más de 2,500 regalos, entre ellos una pieza de encaje de algodón hilado por Mahatma Gandhi. Los regalos y el vestido se exhibieron al público en el palacio de St James, y después el vestido recorrió el Reino Unido.

La pareja pasó la noche de bodas en Broadlands, en Hampshire, la casa del tío de Felipe, el conde Mountbatten, y el resto de la luna de miel en Birkhall, en la finca de Balmoral.

Por qué importó

Mucho de lo que hoy entendemos por boda real se fijó o se confirmó aquí: la abadía, el anillo de oro galés, el mirto en el ramo, el ramo sobre la tumba del Guerrero Desconocido, la aparición en el balcón. El vestido, con su escote corazón, su corpiño ceñido y su larga cola de corte, salió de gira después de la boda, y miles de personas pudieron verlo de cerca. Y la historia de los cupones le dio al día una cualidad poco común: fue una gran boda en la que la gente corriente podía reconocerse. La siguiente gran boda real del siglo, la de Carlos y Diana en 1981, fue todavía mayor; la princesa Beatriz llevó la misma tiara de flecos en 2020.

Llévate la idea

Regálales a tus invitados una ramita de algo. Los ramitos de mirto y brezo son un recordatorio encantador y económico. Unas hierbas del jardín de la familia, atadas con una cinta, cumplen la misma función; nuestra guía del significado de las flores te ayudará a escoger. En Puerto Rico, el recordatorio con más historia es la capia, que el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española define, como voz puertorriqueña, como el “alfiler con cintas que se da como recordatorio en bodas, bautismos, cumpleaños y otras actividades”. Una ramita de romero o de flores secas prendida a la capia une las dos costumbres. Más ideas en tradiciones de bodas puertorriqueñas y souvenirs de boda.

Lleva algo con historia. Las perlas de una abuela, los aretes de tu madre, una tiara prestada: la costumbre de algo viejo, algo prestado nunca tuvo que ver con el precio.

Prepárate para la tiara rota. Algo siempre sale mal esa mañana. Un buen kit de emergencia para el día de la boda y una amiga serena con aguja e hilo son el joyero de la corte moderno.

Convierte el ramo en un homenaje. Dejar tus flores en la tumba de un abuelo, o en un monumento a los caídos, al día siguiente de la boda es un gesto discreto y conmovedor.

Para las otras grandes ceremonias reales, consulta las grandes bodas reales.