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El traje del novio: color, corte y temporada

Azul marino o gris carbón, esmoquin o traje, comprado o hecho a la medida, o una guayabera para la playa: cómo elegir lo que lleva el novio y qué decirles a los padrinos.

Un novio se ajusta el puño de un traje azul medianoche, con una sola flor blanca en la solapa
Ilustración generada para BodasPR

La ropa del novio recibe una fracción de la atención que se lleva el vestido, y es una pena, porque es la otra mitad de cada foto. La buena noticia es que hay menos decisiones que tomar y las reglas son más claras. Acierta con la formalidad, elige un color que vaya con la temporada y con quien lo lleva, e invierte en el ajuste más que en la etiqueta.

Empieza por la formalidad del día

El error más común es vestir al novio para otra boda. La ropa debe seguir al evento, no al revés.

La boda El novio lleva
Etiqueta rigurosa, de noche Esmoquin negro o azul medianoche, con corbatín
Formal, de día o de noche Un traje oscuro —azul marino o gris carbón— con corbata de seda; chaqué para una ceremonia tradicional de día
Cóctel o semiformal Un traje bien cortado en azul marino, gris o un azul medio
Jardín, de día o en la playa Un traje más claro en piedra, arena, gris pálido o lino; la corbata es opcional. En Puerto Rico, también una guayabera
Hacienda en la montaña o salón muy climatizado, de noche Telas con algo más de cuerpo, como una lana ligera; un saco de terciopelo solo si la noche es fresca

Si la invitación indica un código de vestimenta, el novio debe estar en lo más alto de ese código, nunca por debajo.

Una nota sobre la hora en Puerto Rico. La regla clásica dice que la etiqueta de noche empieza a las seis. En la isla, que no cambia la hora en verano, el sol se pone hacia las 5:50 p.m. a finales de noviembre y principios de diciembre, y cerca de las 7:05 p.m. a finales de junio. A las cinco y media de junio todavía es de día.

El color, y por qué el azul marino gana tan a menudo

Azul marino (ilustración)

Azul marino. Es el color más indulgente que puede llevar un hombre. Le va a casi cualquier tono de piel, se ve bien de la mañana a la noche, sale en las fotos con profundidad en lugar de como un agujero negro y se puede volver a usar en todas las bodas a las que lo inviten durante los próximos diez años.

Gris carbón (ilustración)

Gris carbón. Su primo sobrio: excelente para las ceremonias formales en la iglesia, y para los hombres de piel muy clara o muy oscura a quienes el azul marino deja deslavados.

Negro (ilustración)

Negro. Es para la noche. Un traje negro de calle en una boda de día suele parecer de funeral en las fotos; un esmoquin negro después de la puesta del sol se ve exactamente como debe.

Azul medianoche (ilustración)

Azul medianoche. El esmoquin del entendido: bajo luz artificial se ve como un negro más rico que el propio negro. Es la elección que los demás hombres notan.

Colores claros (ilustración)

Colores claros. Piedra, arena, gris pálido, beige: pertenecen al verano y a la luz del día, que en Puerto Rico es casi todo el año. Se ven maravillosos al aire libre y poco vestidos cuando cae la noche. El lino se arruga en cuanto te sientas; esa es su gracia, pero avísale al fotógrafo.

Verde, vino o un cuadro atrevido (ilustración)

Verde, vino o un cuadro atrevido. Perfectamente posibles, sobre todo para el novio solo y no para todo el cortejo, pero que sea una decisión y no un accidente. Un color fuerte en el traje significa que todo lo demás debe ser discreto.

La guayabera: la opción del Caribe

Para una boda de día en la playa o en un jardín, la guayabera es una alternativa con historia. Se reconoce por las alforzas —dos columnas de pliegues finos cosidos a lo largo del frente y de la espalda—, por sus dos o cuatro bolsillos con botones a juego y porque se lleva siempre por fuera del pantalón. Se hace tradicionalmente en lino, algodón o seda, pensada para el calor. Su origen se disputa entre Cuba, México e incluso Filipinas, aunque los documentos la sitúan en Cuba hacia 1880, y Cuba la declaró en 2010 su prenda formal oficial. En Puerto Rico forma parte de la vestimenta tradicional masculina y puede considerarse ropa formal.

Para el novio, la versión más elegante es la de manga larga, en lino blanco o marfil, con pantalón de lino o de algodón en un tono claro y, si la boda es en la arena, mocasines o sandalias de cuero. Si los padrinos también van en guayabera, el novio puede distinguirse por el color, por la manga larga cuando ellos la llevan corta, o por el boutonnière. Lo que no conviene es mezclar: si el novio va en guayabera, nadie del cortejo debería ir de esmoquin. Para una boda de etiqueta rigurosa de noche, en cambio, el esmoquin sigue siendo lo indicado.

En relación con el vestido

El traje no tiene que combinar con el vestido, pero debe pertenecer a la misma boda. Una novia en satén pesado y velo catedral sugiere un novio en algo oscuro y formal; una novia con un vestido lencero frente al mar sugiere algo más ligero y suelto. Si el vestido es marfil y no blanco, evita una camisa blanca brillante a su lado: una camisa blanco suave o marfil pálido evita que el vestido parezca amarillo en las fotos.

Alquilar, comprar o mandar a hacer

Alquilar tiene sentido para un esmoquin formal que no volverá a usar, y para cortejos grandes que deben ir exactamente iguales. El riesgo es el ajuste: encarga con tiempo, pruébate lo que llegue al menos una semana antes y separa presupuesto para que un sastre local ajuste las mangas y el pantalón.

Comprar un traje de confección y mandarlo a ajustar es la mejor relación calidad-precio para la mayoría de los hombres. Un buen sastre puede tomar un traje sólido de precio medio y hacer que parezca del doble: acortar las mangas para que asome un cuarto de pulgada del puño de la camisa, entallar la cintura y cortar el pantalón para que se quiebre una sola vez sobre el zapato.

A la medida —cuando un sastre adapta un patrón existente a sus medidas— es el paso siguiente, y suele tomar de seis a ocho semanas con dos pruebas.

Sea cual sea el camino, lo que separa un buen traje de uno malo en las fotos es el ajuste en los hombros. Todo lo demás se puede arreglar; el hombro, no.

Todo lo demás se puede arreglar. El hombro, no: por eso el ajuste ahí importa más que la etiqueta.

Distinguirse de los padrinos

El novio debe verse como el novio, pero no como si hubiera llegado de otra boda. Basta con una diferencia clara: otra corbata o corbatín, un chaleco cuando los padrinos no lo llevan, un boutonnière de otra flor, una solapa en pico cuando las de ellos son de muesca. Dile a los padrinos con tiempo exactamente qué deben ponerse —color, corte, zapatos, medias—, porque seis hombres interpretando “traje oscuro” producen seis bodas distintas.

Los detalles

  • Zapatos: Oxford negros con cualquier traje oscuro y formal; marrones o color tabaco con los trajes claros de día. Lustrados y amansados de antemano. Más en zapatos de novia.
  • Medias: que combinen con el pantalón, no con los zapatos, y lo bastante largas para que no se vea piel al sentarse.
  • El boutonnière va en la solapa izquierda, sobre el corazón, prendido por detrás. Pídele a la florista uno de repuesto.
  • Pañuelo de bolsillo: el de lino blanco liso nunca falla. No debe hacer juego con la corbata.
  • Un reloj está bien. Un celular en el bolsillo del saco se ve en todas las fotos: dáselo al padrino.

Y la última prueba debe hacerse con los zapatos que llevará ese día y con una camisa que ya se haya lavado al menos una vez: los cuellos encogen. Para el arreglo personal de la mañana, consulta peinado y maquillaje de novia, que incluye consejos para el novio y los padrinos.